al modo

de Ignacio

Magdalena Sofía Barat

Estamos en Francia finales del s. XVIII en un pueblo de Borgoña. “Fuera” es tiempo de confusión y de caos: la revolución arrastra como un ciclón vidas, valores e instituciones. “Dentro” (en la bohardilla de la casa de un tonelero de Joigny), una muchacha llamada Sofía ha decidido escoger la vida y no el odio y la violencia: está convencida del poder del amor, de que sólo él puede mover montañas, de que cada persona merece ser amada por ella misma.

Va descubriendo que ese amor viene del corazón de Dios y, mientras crece y estudia, se pregunta cómo podrá ella, una tímida chica de pueblo, incendiar el mundo con el fuego de esa noticia.  Sofía aún no se da cuenta, pero su vida está siendo tejida pacientemente por las manos de Dios. Es su llamada la que la conduce a ponerse al servicio de una juventud sin norte y sin brújula y ella responde con audacia creativa.

Con un grupo tan pequeño como una semilla de mostaza, acepta el desafío de educar: desean poner vidas en pie, sueñan con hacer posible que cada persona se abra a la verdad, el amor y la libertad, que llegue a descubrir el sentido de su vida y a participar creativamente en la construcción del mundo. Hay en Sofía y sus compañeras una pasión dominante: promover el encuentro de otros con el amor de Jesucristo, lo mismo que ellas lo han encontrado o, mejor, han sido encontradas por él.

El grupo crece, la semilla es ya un gran árbol que se llama “Sociedad del Sagrado Corazón” y hoy más de tres mil mujeres repartidas por todo el mundo, continuamos el sueño de Sofía: enraizadas en la oración y en medio de un mundo herido por la injusticia y la división, tratamos de comunicar a través de nuestro amor y nuestro servicio, la ternura y la compasión del Corazón mismo de Jesucristo.

Dolores Aleixandre rscj