San Ignacio nos deja esta sugerente alusión en una de las reglas de discernimiento de la segunda semana, cuando afirma: “En los que proceden de bien en mejor, el buen ángel toca dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con sonido y inquietud, como cuando la gota de agua cae sobre la piedra; y a los que proceden de mal en peor, tocan de contrario modo” (Ejercicios, n. 335). Se puede aplicar en primer lugar en el contexto de la persona que está haciendo ejercicios, para distinguir cómo actúa el buen espíritu y cómo el malo, según que el ejercitante esté en actitud de esponja (receptivo, silencioso y sereno) o de piedra (inquieto, desorientado, con ruidos).

Pero también es una imagen aplicable a escenarios más amplios, para poner en primer plano una actitud que es válida para encajar bien muchos de los acontecimientos  o situaciones por las que cada persona va pasando a lo largo de su vida. Sean de la índole que sean. El símbolo “esponja”  sugiere una actitud receptiva, no superficial sino profunda, de quien se deja empapar silenciosa y serenamente para que toda circunstancia tenga un lugar adecuado y encaje bien en su interior que es donde madura y se puede trasformar en experiencia de sentido.

La alusión al símbolo “piedra” sería como la cara B del símbolo esponja. Nuestro mundo interior necesita de un filtro para que no se contamine y descubra aquello que sin duda irá en la línea de inquietar lo que estaba pacífico, de rechazar lo que estaba asumido, de crear inquietud donde había paz y serenidad, de envolver en el ruido lo que estaba silencioso, de llenar de tristeza lo que estaba empapado de alegría…

La misma experiencia –si se examina con frecuencia– ayudará a acoger todo lo que lleve a ir de bien en mejor subiendo y a rechazar todo aquello que actúe contrario modo. ¡No todo vale! Precisamente, esta sencilla distinción ayudará a moverse con soltura y lucidez en un ambiente y unas ofertas de vida que con frecuencia no facilitan el vivir con lucidez sino que más bien generan caos, alimentando así la ceguera con la que no se puede distinguir lo que da sentido a la vida de lo que se vuelve contra ella. También Dios actúa siempre poniendo armonía donde hay caos. Colaborar con él como esponja es mucho más favorable que el hacerlo como piedra.

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