La Comunidad de Vida Cristiana (CVX) es una comunidad de laicos, hombres y mujeres que han encontrado en la espiritualidad ignaciana su modo particular de seguir a Cristo y responder a su compromiso con la historia y con el mundo.

Nuestra Comunidad es mundial. Está presente en los cinco continentes y en contextos culturales, religiosos y económicos muy diferentes. Cada uno de sus miembros y de sus pequeñas comunidades locales tienen sus particularidades pero, por encima de sus diferencias y matices, hay unos elementos que nos son comunes: espiritualidad, comunidad y misión. Estos tres elementos definen a la CVX como un cuerpo apostólico de laicos, que se empeñan en servir a la Misión de Cristo en comunión con la Iglesia, a la que sienten como casa propia y común.

Nuestra espiritualidad nace de la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, y de la pedagogía y el camino que en ellos se vive y se quiere prolongar en el día a día de cada uno de sus miembros. El examen del día, la oración personal frecuente, el acompañamiento personal, la búsqueda de Dios en medio de los trajines del día a día y los acontecimientos de la historia de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, la vida entendida como misión y respuesta a un inmenso amor procedente de Dios y que se transparenta en el mundo…

Nuestra vocación personal es profundamente comunitaria. La comunidad es esencial para el miembro de CVX, que va aprendiendo a vivir su vocación y su misión en comunión con otros compañeros que han encontrado en CVX también su personal camino. La comunidad se concreta en nuestros encuentros periódicos para compartir la vida y ayudarnos a crecer en fidelidad al Señor, en nuestros proyectos apostólicos compartidos, en nuestra forma de organizarnos y en la cercanía que cuidamos y que nos hace sabernos amigos en el Señor, pero también amigos y cada día un poco más hermanos.

Pero la vida comunitaria se hace aún más intensa en los aspectos profundos, personales y cotidianos de cada uno: procuramos vivir la vida en respuesta a la llamada de Dios, y hacerlo individualmente, pero teniendo en cuenta la aportación y las sugerencias de nuestros compañeros, sus valoraciones, sus propuestas e incluso, sus correcciones. De esta manera, la vida y los afanes y tareas de cada uno se va entendiendo como un envío comunitario, como una experiencia de acompañamiento fraterno y como un espacio para la evaluación personal y compartida. Discernir, enviar, acompañar y evaluar comunitariamente incluso en las misiones personales es el modo de proceder de los miembros de CVX, de sus pequeñas comunidades locales y de la comunidad mundial entera.

Y por último, y por encima de todo, la misión. Entender la vida de cada uno y de la comunidad entera como un servicio al mundo, especialmente a los más pobres. Entender la vida como misión, descentrando el corazón y poniendo en su centro al prójimo. También pretendemos dar respuesta eficaz y continuada a las necesidades del mundo a través de proyectos y acciones compartidas, que son la expresión de nuestra vocación de servicio, y que bebe de una constatación personal y comunitaria: a Dios es posible buscarle y hallarle cuando disponemos nuestra vida entera -y la vida de nuestras comunidades- al servicio de su Reino.

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Alfonso Salgado CVX