San José de Anchieta fue un misionero jesuita nacido en la localidad tinerfeña de San Cristóbal de la Laguna en 1534. En 1550, el P. Simón Rodrígues S.J., Provincial de Portugal, lo admitió en la Compañía de Jesús. Termina el noviciado a los 19 años y, a pesar de sus problemas de salud, es destinado a las Misiones del Brasil. Ya camino de San Vicente José vive una de sus primeras aventuras. La embarcación en la que viaja sufre daños y debe refugiarse en la costa. Establecen contacto con los indígenas y, mientras dura la reparación de la nave, el joven jesuita aprovecha para aprender la lengua tupí.

El 25 de enero de 1554 formó parte del grupo de portugueses que en Piratininga fundaron la actual ciudad metrópoli de Sao Paulo. Allí José de Anchieta construye una maloca, una casa tradicional comunitaria destinada a ser centro misionero, que se convirtió en lugar de atención y asentamiento para los indígenas. Se les ofrecía instrucción en carpintería y artesanía, y los pequeños aprendían a leer y escribir. Rápidamente llega a dominar la lengua indígena. Prepara la primera gramática de la lengua tupí,  y se le atribuye también la creación y traducción de tres catecismos y otras obras sobre la realidad del país y de los pueblos indígenas. Anchieta es también poeta y dramaturgo, y escribió en latín, español, portugués y tupí.

En abril de 1563 emprende, junto al provincial jesuita P. Manuel de Nóbrega SJ, una expedición para preservar la paz con la federación de los indios tamoios. Ambos se internan en terreno indio y se presentan en Iperui, donde vive el principal cacique tamoio: Caoquira. Lo vivido por los dos compañeros jesuitas en aquel tiempo entre los tamoios es una historia llena de esfuerzos de diálogo, peligros y amenazas, aprendizaje y santidad. Todos los intentos acabaron fracasando, pero Anchieta se lleva de su tiempo con los tamoios el Poema a la Virgen, escrito sobre la arena de la playa y memorizado por él mismo, y la admiración y amistad de algunos de los más importantes caciques. Será el propio Cuñanbebe, uno de los más aguerridos jefes indígenas, el que lo devuelva a San Vicente después de varios meses de cautiverio.

José de Anchieta se convirtió en un defensor de los derechos de los aborígenes y mestizos, y predicó contra las cacerías de indios y el mercado de esclavos. En 1566 es ordenado sacerdote y vuelve a Río donde ya se ha fundado la misión de San Sebastián.

En 1577 fue nombrado Provincial y, a lo largo de ocho años, recorrió repetidas veces el inmenso territorio de su país. Murió a los 63 años el 9 de junio de 1597 en Reritinga, hoy ciudad Anchieta en su honor. El 22 de junio de 1980 fue beatificado por el Papa Juan Pablo II y canonizado el 2 de Abril de 2014 por el Papa Francisco.

X