Lo menos que se puede decir de nuestro mundo contemporáneo es que es muy “extraño”, por la enorme variedad de realidades nuevas que han ido surgiendo y que nos zarandean constantemente de un lado para otro, pues como en columpio nos llevan desde lo más alto y maravilloso a lo más bajo y absolutamente decepcionante. Y como pasamos en menos que canta un gallo de una situación a otra, nuestras vidas no encuentran el lugar adecuado para desde él contemplarlo con una mirada equilibrada, positiva y comprometida por hacerlo un poco mejor, porque esta misma mirada queda casi anulada por todas las enormes situaciones de dolor, que crean en nosotros un sentimiento profundo de impotencia y de desaliento que nos llevan a pensar, al menos esporádicamente, que la desproporción entre lo bueno (poco) y lo malo (mucho) nos deja desarmados y desanimados para poner manos a la obra y luchar aunque sea contra toda esperanza. Y eso porque los escenarios más llamativos del dolor, machacan constantemente las pobres y casi incapaces posibilidades para luchar contra ellos… ¿Qué hacer?

Si se van acumulando cada vez más las lecturas pesimistas sobre nuestro mundo (“estamos en un estado de desolación permanente”, se ha dicho) y aun desde las situaciones más comprometidas (que las hay y muchas) se capta también lo poco que se puede hacer sobre todo para que las soluciones sean permanentes y puedan llegar a ser como diques capaces de reorientar el mundo de una manera nueva, aun estos mismos esfuerzos  pueden llegar a estar tocados de un cierto pesimismo que vaya minando poco a poco la esperanza y la confianza que se ha puesto por “ganar terreno al mar” aunque parezca una empresa casi imposible… ¿Qué hacer?

Estos sentimientos encontrados, aparecen constantemente aun en instituciones y organismos de presencia internacional (Iglesia, ONU, UNESCO, Religiones, ONGs…) al interior de los cuales no hay una coherencia y unión interna, una visión conjunta de la realidad que inspire el encuentro y el trabajar codo a codo para solucionar problemas que son problemas de todos, y no solo de los que los padecen de un modo sangrante y provocativo… ¿Qué hacer?

Hasta da un poco de miedo plantearse la pregunta, cuando las reacciones y respuestas posibles más que favorecer la unión producen a menudo fuertes contradicciones que rompen la unidad y los posibles proyectos a realizar

¡La mies es mucha y los obreros son pocos! Cómo reducir la distancia entre los dos polos de la realidad. ¿Cómo conseguir que la enorme grieta que separa al mundo rico del mundo pobre se estreche cada vez más? ¡A grandes problemas grandes soluciones! Tal vez todos unidos, sí que podemos…

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