La espiritualidad del magis o del llamamiento continuo a buscar el servicio que mejor transparente la gloria de Dios (o la mayor gloria posible), es uno de los rasgos genuinos de la experiencia de los Ejercicios Espirituales.

Dos son las claves que están detrás del magis que San Ignacio propone y que nos dan pistas de su autenticidad:

La primera, el descubrimiento de un amor que ha llegado hasta límites insospechados y que está en el origen de ese querer hacer lo que sea por el Señor de todas las cosas. En la contemplación del Crucificado está la respuesta. ¿Cómo no dar la vida entera por un Dios que lo ha dado todo por mí?

La segunda, el deseo de buscar y escoger, entre las distintas posibilidades que la vida ofrece, lo que más conduce para el fin que somos criados y, por tanto, lo mejor para Dios y para su Reino. No se trata, por consiguiente, de elegir lo bueno, sino lo mejor para Él, y en consecuencia, para nosotros (ya que se alaba, y reverencia a Dios sirviéndonos los unos a los otros).Existen algunas premisas que pueden ayudarnos a ir disponiendo o preparando el corazón a escoger de esta manera:

Desear ir en adelante en el servicio de Dios. Ello no implica necesariamente  darse más y más hasta la extenuación (pues a veces uno lo da todo), sino poner especial cuidado y atención en el modo en que uno se entrega (un campo donde casi siempre hay margen de mejora) y en las razones que impulsan nuestras elecciones. Tomar como fuente de inspiración el modo de proceder de Dios que, con su ejemplo, empuja al ser humano a poner todos los medios posibles para que nada se pierda en beneficio de todos.

Seguir al Señor pobre y humilde. El más del discípulo tiene en su horizonte el menos del descenso absoluto de Cristo.

El espíritu del magis es el de la persona que todo se lo debe a su Señor y el de aquella a la que le parece poco cualquier cosa que pueda hacer por Él porque, ¿qué hay de comparable al hecho de ser llamado por Dios para formar parte de sus colaboradores y servirle en los hermanos haciendo que así brille su gloria?

Mª Dolores López Guzmán