José Antonio García SJ, Ventanas que dan a Dios. Experiencia humana y ejercicio espiritual, Sal Terrae, Santander 2011.

Publicado hace ya algunos años, este libro continúa siendo de actualidad, ya que invita a la reflexión, al intercambio, a interactuar, a poner en relación la propia experiencia con aquellas que el libro proporciona y que permiten entender claramente los planteamientos del autor.

La realidad no es atea, sin Dios. Tampoco lo son nuestras experiencias en ella. En virtud de la creación y de la encarnación de Dios en Jesucristo, todo está habitado por una Presencia amorosa, misteriosa pero real, que lo trasciende todo, pero que todo lo alienta y sostiene. Por eso la realidad exterior y también nuestras experiencias humanas son umbral de Dios, sacramentos de su presencia, ventanas que dan a Él.

Con todo, esa transparencia ni es evidente ni sucede de un modo espontáneo. Para que lo sea hemos de pasar por un proceso espiritual que, perforando la realidad hacia dentro y hacia afuera, descubra las huellas de Dios y a Dios mismo en ella.

De eso trata este libro. Recoge algunas de nuestras experiencias humanas básicas y, siguiendo el proceso ignaciano, la lente de la «Contemplación para alcanzar amor» muestra su carácter de medio divino y las descubre como lugar de encuentro y adoración de Dios, y lugar también de llamada y envío.

En el desarrollo de su contenido va exponiendo y haciendo que expongamos en una lectura dialogada aquellos nudos difíciles con que nos encontramos cotidianamente en el esfuerzo por aunar nuestra humana condición, mediatizada por la naturaleza psíquica y la cultura, al mensaje de Jesús, simple y desnudo, siempre radical.

El esquema de los ejercicios ignacianos está en la base del tratamiento de esos tópicos o preguntas-clave de todos los tiempos, desde dónde y cómo está Dios y en qué estriba su providencia, pasando por cómo asume el dolor individual y el dolor del mundo, hasta comprender vitalmente el arraigo en la caridad, “por un amor que sea digno de la fe”. Salta a la vista el dominio que tiene el autor de un lenguaje plástico, cargado de imágenes atractivas y sugerentes para los potenciales lectores y lectoras de hoy.

Se trata, pues, de un libro abierto, profundo y vivencial cuyo mérito definitivo es -además de poner en diálogo las experiencias de su contenido con quien lo lee- facilitar que este diálogo trascienda y se vuelva diálogo con la presencia interior que nos habita, para lo cual este libro se convierte en feliz pretexto. En definitiva, un libro maestro en su género.

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